miércoles, 5 de octubre de 2011

Complemento II: Sin Titulo

Algunos se engañan con el tema de la "infinitud" y ven en esto una cosa, dimensiones, tamaño, distancias, tiempo; en vez de ver la dinámica propia de la unidad de la sustancia.

No existe el infinito, lo que existe es el sentir eterno, una existencia eterna e inmutable, limitada a sí misma, sin necesidad: el SER. Existe en ausencia de tiempo, en ausencia de espacio, pues no puede ubicarse más que en sí: no puede moverse más allá de sí; no puede cambiar con respecto a lo que es, por lo que no tiene un ayer ni un mañana. "Ya es" en toda SU magnitud y, en SÍ, el tiempo y espacio nacen como una ilusión por medio de SU verdad, en una apariencia de continuidad e infinitud, en tanto en SÍ es "sentida ya" la proyección de la dinámica de SU verdad, por lo tanto, en SÍ es "sentida ya" la "animación infinita" en toda su dimensionalidad, en todas sus posibilidades. Así es como la animación, el movimiento, las dimensiones, el infinito... todo es ilusorio, sostenido en la verdad de la esencia, en el SER, que no ha de sentir un hoy ni un mañana, sino que "siente ya" su verdad y de esta forma "siente ya" todo lo posible. La personificación del SER, es ya en lo posible, por lo tanto es ya sentida: eso somos los hombres, personificaciones y a través de nosotros es sentida la individualidad, la pluralidad, el tiempo, el espacio, el placer, el dolor, la vida, la muerte...

Dios no habita en el mundo, ni es el mundo, por lo que no existe conocimiento que le desplace, porque en Él es el mundo y en Él es el conocimiento.
¿Qué es Dios? Dios es... "Dios ES". Sí, la absoluta verdad, que no puede corromperse ni aun en los más complejos pensamientos, porque ningún pensamiento puede romper la barrera de la existencia, ningún pensamiento puede hacer sentir a otro más que al SER, ningún pensamiento puede sentir al no-ser. Esa verdad que no puede deformarse en ninguna personificación, es absoluta; esa verdad es Dios: "Dios ES".

sábado, 21 de febrero de 2009

Complemento I: Sin Titulo

Vivir, morir, memoria, tiempo; bondad, belleza, perfección, inmortalidad, eternidad. Palabras de dimensiones distintas: las unas para "asociar"; las otras para "indicar" aquello a la distancia, lejos, hasta lo inalcanzable, siempre allá en el intocable horizonte del no saber sabiendo.

¿Qué es el sufrimiento humano, sino vanidad?

¿Qué es la muerte para aquello a lo cual el tiempo le es indiferente?

Entonces ¿qué es lo que muere, sino el deseo posesivo de aquello que tiene memoria y al cual el tiempo no le resulta indiferente?

Mueren los deseos, porque desear es imperfección, desear es vanidad, desear es necesidad.

La vida es asociación, pero la vida es la única asociación a lo real. La vida no tiene tiempo ni necesidad: la vida es una con lo eterno y lo eterno es inmutable.

Allí donde no hay conciliación, allí donde se niega lo eterno, habrá tiempo, habrá muerte.