Vivir, morir, memoria, tiempo; bondad, belleza, perfección, inmortalidad, eternidad. Palabras de dimensiones distintas: las unas para "asociar"; las otras para "indicar" aquello a la distancia, lejos, hasta lo inalcanzable, siempre allá en el intocable horizonte del no saber sabiendo.
¿Qué es el sufrimiento humano, sino vanidad?
¿Qué es la muerte para aquello a lo cual el tiempo le es indiferente?
Entonces ¿qué es lo que muere, sino el deseo posesivo de aquello que tiene memoria y al cual el tiempo no le resulta indiferente?
Mueren los deseos, porque desear es imperfección, desear es vanidad, desear es necesidad.
La vida es asociación, pero la vida es la única asociación a lo real. La vida no tiene tiempo ni necesidad: la vida es una con lo eterno y lo eterno es inmutable.
Allí donde no hay conciliación, allí donde se niega lo eterno, habrá tiempo, habrá muerte.
